Santiago es un joven de 17 años de edad que hace 6 meses salió del bachillerato con ganas de estudiar y trabajar, piensa que las oportunidades son pocas y el panorama nacional no es muy gratificante para él, estaba aburrido y desilusionado porque ya iban varias veces intentando presentarse a la universidad y las expectativas de pasar cada vez eran menos; esto lo desconcertaba mas y él creía que perdía energía y tiempo y más se acumulaba su pereza y pesimismo.
Un día se encontró con Diego Bedoya un líder comunitario que conoce los programas, proyectos de su municipio y su región; al ver su preocupación, lo anima a no desistir de esa meta, a continuar intentándolo, le aconseja “que si de verdad quiere estudiar, debe desearlo, que no hay que esperar a que las cosas sucedan, hay que hacerlas suceder y abrirse más al mundo, no cerrarse, abandonando el resentimiento”. Después de una breve reflexión se toma unos segundos y en silencio agacha su cabeza como si realmente aquellas palabras hubiesen entrado por el oído y quedado allí en la consciencia, se despide y se va.
Pasaron dos meses, el joven se encuentra de nuevo con Diego, lo saluda y sin rodeos va directo al grano y le dice,” tenías razón, seguí tus concejos, me animé a seguir intentándolo, dejé esa pereza y me creí el cuento y los resultados fueron los que esperaba, logré pasar a la Universidad Nacional, su rostro brillaba como un día de verano, sus ojos se dilataron mientras contaba su experiencia satisfactoria, para Diego sus palabras no significaban mayor cosa, pero para Santiago y la sociedad, era una esperanza, un sueño, menos oportunidades para la delincuencia y más profesionales en Ingeniería Industrial.
Diego Bedoya
La Estrella
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