El teléfono público de color rojo, con sus múltiples rayones y grafos da cuenta de amores, odios, peleas, cariños, tristezas y frustraciones. Una bocina con muchas voces atrapadas es un medio de conexión entre diferentes públicos, entre ellos, los jóvenes.
Chicos que a diario y desde tempranas horas toman este objeto como sitio de encuentro, como sitio de regocijo y tal vez como medio de huir del mundo excluyente, de un hogar sin hogar, de un futuro proyectado sin visión, de un mundo que para ellos gira en torno a dos ruedas y a un balón.
Gorras atravesadas, sudaderas a media nalga, pantalonetas multicolores, tenis skate y bicicletas de todo tamaño, acompañan a un grupo de jóvenes de la Vereda El Plan, corregimiento Santa Elena de Medellín.
Alejandro o “Lejo”, como suelen conocerlo sus amigos, es un chico de 19 años de edad, habitante del lugar, hace 2 años se retiró de sus estudios secundarios y desde entonces las calles, la falta de futuro, el poco apoyo de su familia ha llevado a que este joven encuentre en sus amigos lo que no puede hallar en su interior.
Mientras este chico tiene un balón en sus pies, inicia contando su vida y cómo se maneja su “parche”. Con su gorra atravesada, su pantaloneta azul oscura N° 7 y un balón semi blanco con flecos, “Lejo” nos cuenta cómo en este lugar se desestresan, cómo ríen y gozan, cómo sus amigos junto con él hacen piques en bici y motos, cómo se “colean de busetas, volquetas y de lo que se mueva”, “En ocasiones nos vamos a jugar play, películas de fútbol y halo (pelea de raperos), se tienen computadores y eso sí…juuuu, puro facebook”, con sus grandes y luminosos ojos negros nos dice “eso sí, donde nos sentamos dejamos huella, no falta el grafitti, el rayoncito y mucho menos el del teléfono público”, así cuenta mientras se lleva un cigarrillo Boston a la boca.
“Escuchar música es uno de nuestros hobbies, en especial reggaeton, hip-hop, rap, freestyle y uno que otro lo baila, aunque con el reggaeton si se perrea mucho”…suelta algunas sonrisas maliciosas mientras lo expresa.
Dice que tiene amigos de toda clase, que todos son de su combo, cuenta con pocos universitarios pero los hay, “estos son quienes nos motivan un poco de vez en cuando, tenemos algunas viejas que se parchan con nosotros, tenemos unos que están en el colegio, otros que trabajan y otros que mejor dicho no hacen nada…aunque yo no sé en cuál de todos estoy”. Agrega además, mientras llega una de sus “viejas”… “Unos trabajan en la huerta, otros manejan coleto, otros con flores, algunos validan y bueno unos sólo se reúnen con nosotros en las noches pa’ jugar un cotejo de micro, esto y la bici es tal vez una de las cosas más parchadas, que más nos agradan”.
Dice además que le agrada su apodo y que se dio por un error de uno de sus “parceros” cuando lo iba a llamar Alejo, “le quitó sólo una A y bueno de ahí surgió”, comenta que hay que cambiar algunas cosas en el parche “pero nunca los apodos, estos nunca pueden terminar”.
Lejo menciona que necesita mayor motivación aquí, como promover el deporte, la música u otras cosas, dice que no ha sido muy bueno para el estudio, pero que tampoco es el peor. Este joven es consciente que la vida no es fácil, que su madre lucha por un mejor bienestar para todos, ya que su padre jamás respondió por él, sabe que puede ser muy grande en la vida pero que a veces los amigos arrastran. Lejo sueña con llegar a las grandes ligas del fútbol extranjero como el Milán de Italia, el Boca o el Manchester, sabe que debe proseguir con sus estudios si quiere lograrlo, que debe luchar, pero que a veces las amistades y la falta de apoyo lo estancan, “sé que nos falta aspirar en grande y a futuro” con estás palabras y con algunas piruetas tipo Messi, Lejo nos contó un poco su historia y nos abrió un corazón que tiene de todo, desde humo hasta visión.
El nombre y sobrenombre de esta historia fueron cambiados por petición del entrevistado.
Daniel Alejandro Alzate Hernández
Santa Elena, Vereda El Plan.
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